domingo, junio 14, 2009

Los adioses (I). Sencillamente pasajes DE.


Entrada de personaje: “No puedo saber si la había visto antes o si la descubrí en aquel momento, apoyada en el marco de la puerta: un pedazo de pollera, un zapato, un costadazo de la valija introducidos en la luz de las lámparas. Tal vez tampoco la haya visto entonces en el momento en que empezó el año, y sólo imagine, no recuerdo, su presencia inmóvil situada con exactitud entre el alboroto y la noche”.

Maneras de mirar: “así que el enfermero tuvo que contentarse, todo el tiempo, con una expresión que no era para él, que estaba dirigida a otro, en realidad a cualquiera”.

Aquello que creemos ver. “Pero la cara conservaba bastante de lo que había sido cuando estuvo en la sombra, junto a la puerta del almacén, y tal vez algunos restos del viaje en tren y en ómnibus, y, si yo no lo estaba imaginando, de lo que era a solas y en el amor”.

La existencia fundada en la no presencia: “ellos existieron para nosotros sólo en el viaje diario, al mediodía, del peón del hotel que remontaba la sierra con la vianda y un diario bajo el brazo. Y existieron, también para mí, en las dos cartas que llegaron…”.

Lo que creemos tener: “… la existencia del pasado depende de la cantidad del presente que le demos, y que es posible darle poca, darle ninguna.”.

La creación literaria ¿la magia del creador?: “Me sentía lleno de poder, como si el hombre y la muchacha, y también la mujer grande y el niño, hubieran nacido de mi voluntad para vivir lo que yo había determinado”.

Son fragmentos de “Los adioses” que me resultan bellos, dejando muy claro que no entro en ningún momento a valorar su función en la, por otra parte difícil, novela que acabo de leer. Sencillamente me han gustado, como me ha gustado esta novela donde al final nada es lo que en principio parece ser. Interesentes “narradores”, pero esto es otra entrada...



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ÉL


Juan Carlos Onetti nace en Montevideo el 1 de julio de 1909. Su padre, Carlos Onetti, era funcionario de aduana; su madre, Honoria Borges, provenía de una familia brasileña. De la suya solía decir que fue "una infancia feliz". Voluntariamente deja los estudios secundarios: no alcanza ni a concluir el primer año. Poco después comienza a trabajar, y durante varios años desempeñará diferentes puestos: portero, mozo, vendedor de entradas, vigilante etc. Durante algunos meses de 1928 y 1929 participó en la revista "La tijera". En 1929 intentó viajar a la Unión Soviética, con el propósito de conocer un país "donde se estaba construyendo el socialismo", pero su desconocimiento del ruso lo desalentó. En 1930 se casa con su prima, María Amalia Onetti, y en marzo viaja con ella a Buenos Aires donde se establecen. Se gana la vida vendiendo calculadoras. Publica algunas notas sobre cine en Crítica. En 1933 aparece en La Prensa su cuento "Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida de Mayo". Por esa época escribió una primera versión de su novela corta "El pozo". Los originales se extraviarán en una mudanza. Se separa de su mujer. Al año siguiente, de regreso en Montevideo, vuelve a contraer matrimonio con María Julia Onetti, hermana de su primera mujer.

Cuando estalla la Guerra Civil española, en 1936, trata infructuosamente de enrolarse en las Brigadas Internacionales que apoyan a la República.

En 1939, Carlos Quijano, fundador del semanario "Marcha", que se convertiría en la más prestigiosa publicación uruguaya, lo nombra secretario de redacción. Onetti desempeñará el cargo hasta 1941. Durante ese breve pero intenso período, publicará semanalmente una columna literaria, "La piedra en el charco" con los seudónimos Periquito el Aguador, Groucho Marx y Pierre Regy. En diciembre aparece su primera novela "El pozo" con una tirada de 500 ejemplares. En 1941 empieza a trabajar en la Agencia Reuter. Conservando este empleo, a mediados de año se traslada a Buenos Aires, donde permanecerá hasta 1955. En 1945 contrae de nuevo matrimonio con una compañera de trabajo, Elizabeth María Pekelharing. Ese mismo año aparece en La Nación "La casa en la arena", donde se inaugura la "saga" de Santa María, la ciudad mítica onettiana que se delimitará con mayor precisión en "La vida breve" (1950) considerada por él su mejor novela. A finales de 1955 retorna a Montevideo. Traba amistad con el presidente de la República Luis Batlle Berres (a quien dedicará El Astillero) y empieza a trabajar en su diario, "Acción". Hacia fines de año se casa por cuarta vez con la joven argentina Dorothea Muhr (Dolly), su compañera hasta el final.

En 1956 viaja a Bolivia invitado por el gobierno de aquel país. Accidentalmente se ve envuelto en tiroteo del que sale ileso pese a que un proyectil perfora su sombrero. Esta experiencia le impresiona enormemente. En 1957 es designado Director de Bibliotecas en la División de Artes y Letras de la Intendencia Municipal de Montevideo, hasta su renuncia el 4 de marzo de 1975. En 1962 obtiene el Premio Nacional de Literatura. En 1972 es elegido como el mejor narrador uruguayo de los últimos cincuenta años en una encuesta realizada por el semanario Marcha y "El Astillero" obtiene el primer premio a la mejor novela latinoamericana publicada en esa lengua en el período 1971/1973. En 1974 Onetti y otros miembros del semanario son apresados durante la dictadura de Juan María Bordaberry. Permanece en prisión entre el 9 de enero y el 14 de mayo. El poeta español Félix Grande, entonces director de Cuadernos Hispanoamericanos, recogió firmas para lograr la liberación de Onetti. Invitado por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, viaja a esa ciudad y fija allí su residencia. Colaborará con artículos en El País. En 1980 el Pen Club Latinoamericano en España propone al Comité Nobel de la Academia de Suecia la candidatura de Onetti para el Premio Nobel. Ese año obtiene el Premio Cervantes de Literatura.

En 1985 se producen elecciones en Uruguay, que marcan el regreso a la Democracia. El presidente electo, Julio María Sanguinetti, le invita a asistir a las ceremonias de instauración del nuevo gobierno. Onetti agradece la invitación pero decide permanecer en Madrid. Recibe el Premio Nacional de Literatura. En 1990 recibe el Premio de la Unión Latina de Literatura "por su espíritu universal". En 1993 se publica la que será su última novela, "Cuando ya no importe", que hará las veces de testamento literario.

Onetti muere en 1994 una clínica de Madrid, ciudad en la que pasó sus últimos 19 años, enclaustrado los diez finales, sin salir prácticamente de su cama. Según su última voluntad, sus restos fueron incinerados y sus cenizas no serán trasladadas al Uruguay.

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lunes, mayo 18, 2009

Dicen que marchó, pero en realidad se ha quedado para siempre.


Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
El otro Yo. Mario Benedetti

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miércoles, mayo 13, 2009

EL, sin acento alguno


Y ahora yo, William Seward. Liberaré a mi horda de palabras... Mi corazón vikingo se desliza por el gran río cenagoso donde los motores chuf chuf chuf es el crepúsculo de la jungla y árboles enteros flotan con enormes serpientes en las ramas y lemures de ojos tristes observan la orilla, a través de los campos del Missouri (el Muchacho encuentra una punta de flecha color rosa) y a lo lejos silba el tren, vuelve hacia mí hambriento como un golfillo que no sabe trapichear con el culo que Dios le dio... Amable lector, La Palabra saltará sobre ti con garras de acero de hombre-leopardo, cortará dedos de manos y pies como cangrejo terrestre oportunista, te colgará y atrapará tu semen como un perro escrutable, se enroscará en tus muslos como una serpiente grande y venenosa y te inyectará una dosis de ectoplasma rancio... ¿Y por qué un perro escrutable?.

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domingo, mayo 03, 2009

Con mayúscula, La Palabra, según Burroughs


“La Palabra está dividida en unidades que juntas formarán una pieza y así deben ser tomadas, pero las piezas pueden ser consideradas en cualquier orden ya que están unidas en sentidos contrarios, dentro y fuera, arriba y abajo, como en una combinación amorosa interesante. Este libro expulsa las páginas en todas direcciones, calidoscopio de panoramas, pupurri de melodías y ruidos callejeros, pedos y protestas y las cortinas metálicas del comercio que se bajan, aullidos de dolor y angustia y aullidos de simple lamentación, gatos copulando y rechinantes berridos de la cabeza de toro cortada, murmullos de brujo en trance de nuez moscada, cuellos rotos y mandrágoras que aúllan, sollozos del orgasmo, heroína silenciosa como el amanecer en células sedientas”

El almuerzo desnudo. William S. Burroughs.
¿Algo más que decir?

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lunes, abril 27, 2009

Ford Madox Ford y tres más...


Ford Madox Ford, fue persona inquieta. Corría el año 1910 cuando “se sumó indirectamente al movimiento poético de los imaginistas, un grupo anglosajón antivictoriano y antirromántico que, liderado por Ezra Pound, abogaba por una poesía libre y moderna, ceñida a los objetos y concisa de expresión. En 1914, Pound editó The Imagistes, una antología del movimiento que incluía versos de William Carlos Williams, James Joyce, Richard Aldington, el propio Pound y Ford Madox Ford. Éste a su vez quiso aportar cuerpo doctrinal al grupo, y formuló que el poeta debe escribir en la lengua de su tiempo, evitando los clichés y las afectaciones de la lengua escrita. En 1930, Ford editará su propia Imagist Anthology, y reivindicará para sí el patrocinio sobre estos poetas.” (Texto extraído de Ford Madox Ford: Un poeta moderno de raíces victorianas. Carlos Barba). Lo traigo hasta aquí para haceros llegar una imagen que he encontrado “en la red” y quiero compartir con vosotros.
Ahí están. Ford Madox Ford a la izquierda,junto a él James Joyce y a continuación Ezra Pound.

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domingo, abril 26, 2009

Hay quien no ...

Después de asomar al blog poco queda de decir. Ahí están ya, de nuevo recién nacidos, los personajes que hasta el momento habitan este “El final del desfile” tetralogía inmensa, en el más amplio sentido de la palabra y que parece ser, sólo he leído una las cuatro novelas que forman la obra, retrata el declive de la alta sociedad inglesa que en aquellos años bien podríamos decir era la gran administradora del mundo.

Vayamos con este “Hay quien no” título de la primera parte. Me parece muy interesante el personaje principal C. Tietjens. Un joven personaje victoriano, conservador en sus formas, pero no por ello ciego. Visionario en ocasiones tiene muy claro el cambio que se avecina y el horror que pronto asolará el mundo que él conoce. Carente de ambiciones, proviene de familia acomodada, es quizá el personaje de mayor visión futuro de los que pueblan este tramo del relato. No durará en tomar una decisión un tanto drástica: marchar al frente.

La novela, se me antoja, no es de lectura fácil. El autor, persona de profunda formación maneja muy bien los recursos literarios, y diría que en ocasiones incluso abusa. Hay en toda la obra importantes elipsis. Hay cambios de tiempo. Los pensamientos de los personajes se mezclan con los hechos que acontecen a los protagonistas. Novela coral, los personaje son muy numerosos, poblada de subtramas que a modo de afluentes alimentan al gran río-trama que en esta primera parte es la tumultuosa relación del matrimonio Tietjens. Sorprendente narrador-testigo que en ocasiones me ha llevado a pensar en el narrador de “En el corazón de las tinieblas” de J. Conrad, quizá, sabedora de la relación que existió entre ambos escritores. Esta aparente dificultad de lectura, pienso viene dada de la concepción que FMF tenía de la narración. Creo que Ford profundizó en este tema, pues puede que este aparente desorden no sea más que el reflejo del desorden con que los acontecimientos se suceden a lo largo de nuestra existencia y que conforman el guión de cada una de nuestras vidas.

Me parece interesante el planteamiento del “adulterio”. Situación que aparentemente ambos protagonistas asumen con total naturalidad, incluso hablan y comentan acerca del mismo. Reflejo claro de una manera de entender las relaciones hombre-mujer dentro del matrimonio que la clase alta tenía en aquellos tiempos. Esta situación hace que el personaje de Sylvia Tietjens ¿nos resulte actual?. Nos atrae y pasa por encima del otro personaje femenino ¿más convencional? Valentine Wannop, mujer que en principio acepta sin mayor problema ser la amante del Christopher Tietjens, pero que es ferviente defensora del derecho al voto de las mujeres (defensa que podía acarrear prisión). Pregunta: ¿por qué es más moderno el personaje de Sylvia que el personaje de Valentine?. Sobre estas dos mujeres-personajes volveré.

Guerra, adulterio, decadencia, codicia, ambición, relaciones humanas en la sociedad de la época, la relación, la importancia del dinero, “el qué dirán” y otros son temas que la novela trata. El fin de una era, la puesta en duda de los valores establecidos, la lucha de clases, la independencia de la mujer, la religión son algunos de los motivos que encontramos dentro de la novela. El “arte” como muestra externa de poder, las propiedades inmobiliarias, los muebles antiguos, los caballos y el golf, la vestimenta son algunos de los símbolos que nos acompañan.

Y por último magnifico el modo que el autor tiene de presentarnos a los principales personajes. Los encuadra, como si con ellos estuviera haciendo una película. El vagón del tren, para la presentación de los dos personajes más importantes masculinos, C. Tietjens y V. Macmaster. Un perfecto contraluz en una habitación de hotel, enmarca la entrada de Sylvia en la novela y una brillante escena al aire libre, en pleno campo, nos hace conocer al otro personaje femenino importante. De la primera nos llega de inmediato su perfume y un roce de gasa. De la segunda nos llega frescor y el cálido roce de la ropa de algodón.

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domingo, abril 12, 2009

Sugerente


La muerte alcanzó a Ford en el año 1939. Tenía 66 años de edad. Antes de marchar dejó escrito un principio crítico que desafía todas las escuelas, cuya lectura me ha impresionado diría que mucho: “Para enjuiciar la literatura contemporánea, el único baremo es el propio gusto. Si a usted le gusta mucho un nuevo libro, debe considerarlo literatura, aunque no encuentre otra alma que le dé la razón. Y si le disgusta un libro, ha de mantenerse firme en que no es literatura, aunque un millón de voces le griten que está equivocado. La decisión última la dictará el Tiempo”. (The March of Literature).

Valiente principio crítico que podrían haber defendido de forma caótica y ordenada nuestros amigos.
Innovador, moderno y abierto. Definitivamente Sugerente.

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Cuarenta y nueve años


Son las 16.30 horas y un grupo de turistas acaba de terminar una visita guiada a la cárcel de las tiendas de campaña, en las afueras de Phoenix, capital del estado de Arizona. Están a la sombra -en este estado, incluso en el mes de marzo el sol es un incordio-. Pasando el tiempo frente a la entrada, a la espera de los coches que los lleven de vuelta al casco urbano de la ciudad.
Los turistas no ocultan su satisfacción. “Hemos visto la cárcel. NO es como a presentan los medios de comunicación. Los presos no son maltratados”, explica Donna de Arizona, que declara 58 años aunque aparenta alguno menos, mientras se sienta en el bordillo de la acera. Frente a ella, Gean, de 78 y residente en Minnesota –aunque pasa todos los veranos en la cálida Arizona- ratifica: “Me gustaría que tuviéramos esto en mi estado. ¡Pero allí no puedes tenerlos en tienda de campaña a 40 grados bajo cero en invierno!”.
Lo que tanto agradó a Donna y Gean es una cárcel formada por decenas de tiendas de campaña. Ninguna de ellas tiene paredes, de modo que se trata sólo de tejados de tela sobre pilotes. En cada tienda hay 22 literas metálicas, de 1,68 metros de largo, con somieres que son planchas de hierro rígidas y que crujen como si fueran a explotar cuando alguien se tumba sobre las colchonetas que descansan sobre ellos.
…
Arpaio (Sheriff del condado de Maricopa. Arizona) creó la cárcel con tiendas de campaña para ahorrar al Estado de Arizona los gastos de un complejo carcelario al uso. “A los criminales se les debe castigar por sus crímenes, no dejar que vivan con toda clase de lujos hasta que les llegue la libertad condicional, sólo para que salgan a cometer más crímenes para volver a vivir del dinero de los contribuyentes y a disfrutar de cosas que muchos de los propios contribuyentes no se pueden permitir”.

Fragmento de un reportaje aparecido el día 12 de abril de 2009 en el diario El Mundo.

¡Los Perros Locos! ¡Los Hermanos Esposíto! Yo tenía 11 años
Y mi padre sólo leía el Daily News el Daily Mirror
Y era mi misión comprarlos
Y yo me sentaba en el cuarto descansillo de mi edificio
Y miraba a los Espositos en primera plana
sus rodillas sobre el suelo de la estación de ferrocarril
sus camisas blancas subidas hasta el pecho
sus manos esposadas retorciéndose como Cristo crucificado
en el aire
las lágrimas de perro loco en sus ojos
la espuma
y rodeándoles los grandes polis de determinación
y ante ellos el gran tren negro de determinación
y en el tren más allá de la boscosa parte alta del estado de
Nueva York parpadeo de ciervos
Con sus lagos gemelos y sus rápidos ríos y pequeños pueblos
de veraneo
la silla eléctrica-
Temblé en aquel descansillo y juré que jamás sería
aquellos hermanos expósito pero estuve cerca
y corrí a mi padre y le entregue su lectura diaria
y la leyó como leyó la de ayer
Supe entonces que nada podría salvar a los Perros Locos
…..
Gregory Corso. Fragmento de “Policía” poema que aparece en “El feliz Cumpleaños de la muerte” publicado en el año 1960.

Separan estos dos textos casi medio siglo. La única diferencia es que ahora, si quieres y dentro de la visita turística, puedes visitar la cárcel.

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lunes, marzo 30, 2009

El Blanco


No puedo.
Se instala. Me mira y me pinta de blanco.
No puedo.
Se queda. Se agranda y me traga. Me envuelve.
No puedo.
Se extiende. Me ahoga al entrar por mi boca. Pinta mi sangre de blanco
y seca mis ojos ¡ciegos¡ ¡rebosantes de blanco que llega al cerebro y quema!
No puedo.
¡Ya nunca puedo! ¡No puedo! ¡No!

¡NO! Blanca y ahora negra.
¡Luz negra! ¡Regresa la luz negra!

Luz negra.
¡Qué luz! La fría luz negra que calma y devuelve el calor al cerebro.
Que revienta las blancas paredes de los ojos secos.
Que rompe el blanco y pintada de rojo la sangre fluye.
Luz negra.
¡Que Luz! Que brillante corta la inmovilidad que me envuelve.
Los ojos ven las manos y en el cerebro se juntan.
Luz negra.
¡Que luz! ¡Luz! Luz que me mira.
Que llena de negros pequeños por fin
el blanco
Que sobre la mesa tengo.

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Nos atrae


Las palabras que están contenidas en él, en el poema, tienen vida propia y parecen haber suido concebidas por el autor a modo de ladrillos de una enorme construcción en cuyo interior te encuentras. Andas por la azotea cuando comienzas a leer “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas”. Y sientes. El poema te hace sentir infinidad de sensaciones, pero yo he sentido una por encima de todas ellas, sientes que el suelo se mueve. Y comienzas a bajar por la escalera de la casa. Comienzas con cuidado no vayas a caerte. Avanzas. Pero a medida que avanzas el ruido (es un poema con mucho, mucho ruido) hace que comiences a sentir miedo. Continuas tu marcha “con el absoluto corazón del poema sanguinariamente arrancado de sus cuerpos bueno para alimentarse mil años. Y el suelo se sigue moviendo y del techo comienzan a caer cascotes. Y tu empiezas a marchar más rápido, más rápido y caes en la cuenta de que los escalones en esta parte son muy altos… o bajos… o estrechos… o anchos… son diabólicos. Pero avanzas “¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneo y devoró sus cerebros y su imaginación? ¡Moloch”. El movimiento es enorme y la sensación de angustia total. El infierno parece que sale de cada palabra, de cada estrofa “Rompieron sus espaldas levantado a Moloch hasta el cielo! ¡Pavimentos, árboles, radios, toneladas! ¡levantando la ciudad al cielo que existe y está alrededor nuestro!”. Consigues pasar, sigues corriendo, intentando no parar. No paras, de un piso bajas al otro y al otro y sigues envuelta en polvo y en ruido. Y no ves la luz. Y no ves. Y cuando ojos salvajes y gritos parecen anunciar el final de todo, de pronto aparece Carl. De su mano, de la mano de Carl Solomon consigues sentir primero el olor y luego ver su luz. El mar. Con él encuentras la salida. El te guía. Y por fin la luz. Y alguien te acompaña, alguien te espera: “Estoy contigo en Rockland en mis sueños caminas goteando por un viaje a través del mar sobre las carreteras a través de América llorando hasta la puerta de mi cabaña en la noche del Oeste.” Salvado.

La casa ha caído por completo y envuelta en polvo y en medio de un ruido enorme de pronto delante de tus ojos comienza a levantarse. Se levanta delante de ti, hasta quedar perfecta. Brillante. Inmensa. Quieta permanece a la espera de un nuevo lector que al pasar delante de ella escuche una llamada misteriosa. Picado por la curiosidad llegará a la azotea donde encontrará el poema que comenzará a leer, comenzado de nuevo a sentir.

Así lleva pasando desde su primera lectura, hace ya muchos años, y así pasará siempre. El descenso a los infiernos, no lo neguemos, de siempre nos ha atraído.

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lunes, marzo 23, 2009

Por ahí, no.


Ya comentamos en el Mono, con una más que acertada colocación de verbos en personas por parte de Efímera, que Kerouac estaba no era. Ni puestos de acuerdo. Este sábado me encuentro con un amplio artículo dedicado al autor en periódico de tirada nacional.

De su lectura deducimos que Jack Kerouac “odiaba tener la casa llena de melenudos”. “¡Debería de estar sentado en una academia y no en el salón de mi casa soportando la veneración de estos palurdos!”, dicen que decía. Tomamos nota además, de que no le gustaban que se bebieran sus cervezas, que no le hacía ni pizca de gracia que “le llamasen Jack, pues él prefería Sr. Kerouac” y que además no era ni homosexual ni heterosexual “eran cada uno su propio asunto”, escribe el autor del artículo, a la sazón director, escritor y guionista español que ha tenido la oportunidad de conversar con Caroline Cassady, esposa de Neal Cassady y amiga de Jack Kerouac. El autor del artículo, director, escritor y guionista español, se muestra encantado de conversar con la que denomina “mujer de estos dos centauros”.

¿Y?... ¿Aporta algo a la figura del autor? ¿Nos permite leer mejor a Kerouac? ¿Nos enseña algo que no intuyéramos en su lectura? No hay duda: no.

El director, escritor y guionista español que ha tenido la oportunidad de conversar con Caroline Cassady continua renglones más abajo su artículo y comenta: “El rollo (*) en cuestión no tiene mayor interés, lo vi hace tiempo en una exposición metidito en una urna y no me provocó ninguna emoción especial”. Emoción, ha dicho emoción. Si no lo entiendo mal, tener delante de uno el original de un texto que años después de su primera edición sigue siendo referencia para muchos y del cual sólo en EE UU se venden una media de 100.000 copias cada año además de las que se editan y venden en el resto del mundo, no provoca en el autor del artículo “emoción alguna”. Eso es así ¿no? Ahora digo yo, narrador en primera y en absoluto omnisciente bastante alejado del buen hacer como escritor del autor del artículo: te lo has de hacer ver.

No entiendo cómo no puedes sentir. No comprendo cómo no puede sentir. No entiendo porqué me cuentas que los llamaba palurdos y no comprendo que a estas alturas nos diga escrito en tinta negra que Jack Kerouac era un “verdadero escritor”. Siento que este hombre escribe, pero no siente, al menos no siento como yo.



P D: Se publica por la editorial Anagrama el original de “En la carretera” de Jack Kerouac. (Kerouac mecanografió la primera versión de su novela en un rollo(*) de papel continuo 36 metros de longitud que encontró en un rincón de su apartamento. Ese rollo se considera el original de la novela).

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lunes, marzo 16, 2009

Los tres.



Un trabajo que se tenía que terminar esta mañana ha decido, me refiero al trabajo, que en ocasiones parece tener vida propia, que no es así. Su determinación hace que hoy también duerma en Barcelona, ciudad, por otra parte, que me gusta y en la cual me encuentro muy bien y en la que llevo desde el sábado. Adelanté la llegada para poder volar en la mañana o bien en el día de hoy. Pero él, el trabajo, es terco y no, no volaré. Digamos en su descargo que el mar está por aquí y la ciudad tiene una luz muy especial. Quizá sean las primeras tardes de primavera con unos atardeceres francamente bonitos. En resumen que no voy a poder estar en con vosotros en el lateral de El Tranvía.

Me he traído a “el viaje” a Allen, Gregory y Jack. Si, acabé “En el camino”. Desde la primera a la última. Y reafirmo la opinión de Dean. Tremendo y magnifico personaje. Desde que aparece hasta que se nos escapa y el narrador nos dice que nada vuelve a saber.

Hablemos de ellos.Los tres me han hablado de sentimientos.

Sentimiento de culpa es de Sal por dejar a su amigo Dean. Quizá por eso escribe y lo cuenta. Keroauc, quizá también el más estructurado de los tres, socialmente hablando, es sin embargo el primero en irse. Murió a los cuarenta y siete victima de una cirrosis que se causa por las cantidades de alcohol que tomaba, dicen que, entre otros motivos, para vencer la timidez que tenía y que le hacía muy difícil explicar unos textos, los suyos, reconocidos años después de su publicación. Como bien apuntó Sara quizá porque nunca fue, aunque siempre estuvo, no soportó la tensión que le suponía estar sin llegar nunca a ser. Marchó pero ahí dejó esa forma de contar que creo él mismo denominó “prosa espontánea”.

Veamos a Ginsberg. Nacido en New Jersey de padre poeta y profesor y madre rusa, comunista radical y nudista impenitente, enloqueció a edad muy temprana. Hospitalizada de por vida acabó lobotomizada. Homosexual Bueno, pues para empezar no está mal. Escribe poesía casi como se si escribiera prosa. Palabras y palabras, voces y más voces que parecen caer en cascada desde un punto y descender como un torrente llevándose por delante todo. Todo es todo. “Aullido” provocó lo que en la América de los cincuenta tenía que provocar, un tremendo aullido. Retraído, he leído por ahí que era de carácter. Culto. Quizá por eso escribió:


Quiero que la gente haga reverencias al verme y diga él tie-
ne el donde la poesía, él ha visto la presencia del Creador.

Y el Creador me dio una dosis de su presencia para satisfa-
cer mi deseo, como también para no defraudar mi anhelo de él.

(Trascripción de música de órgano)

Le dejo vomitando sin parar sentimientos de reproche, de violencia. Se defiende atacando a todo lo que le rodea. Le dejo viajando en “El automóvil verde” en compañía de sus amigos. Quizá una versión resumida del libro de su amigo Kerouac.
Corso. Su madre lo tuvo con dieciséis años y un año después lo abandonó. Al volverse a casar su padre, cuando él tenía 11 años dejó una vida de orfanato y casas de acogida para irse con él a vivir, pero sus fugas eran constantes. La cárcel, en su caso a edad más que temprana le sumerge en un mundo digamos duro. Dos veces estuvo en ella y curiosamente fue allí, en la cárcel, donde descubre la literatura. Descubre la poesía. Un desarraigado total, un outsider encuentra su camino en un penal americano. Convengamos que es un camino de acceso a la poesía como poco, curioso. Muerte, violencia, drogas, muertos, si y mucho pero descrito todo con una forma curiosamente “académica” yo la encuentro “lírica”. Bella en una palabra.

Veamos:

Tu eres un himno triunfal.... un apogeo una cima de aullido
un lírico sombrero del Señor del Trueno
(Bomba)


Todos sabemos a quien, si quien, se refiere. El poema es sencillamente atroz. No tengo claro que el Aullido de su amigo no tuviera algo que ver con la lectura de esta bomba. Nunca, si, nunca, había leído nada igual. Explosiones, explosiones directas a los sentidos a los sentimientos. Palabras que actúan como bombas. Y sino leamos:

Mis manos quedaron dormidas ante la belleza
al extenderse hacia la Muerte y apretarse!
¡ O soberano fue mi tacto
Sobre la frágil página de tinta rosada!

(Yo tuve en mis manos un manuscrito de Shelly)

Es, de nuevo, sencillamente hermoso. Le dejo rodeado de un profundo sentimiento de belleza incluso en el horror. Si la pregunta es si me gusta este expresidiario poeta la respuesta es de nuevo muy sencilla: si.


Contínuo.

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lunes, marzo 09, 2009

Pequeño homenaje a Jack Kerouac


"que condujeron a campo traviesa por setenta y dos horas para
averiguar si yo había tenido una visión o tú habías tenido una
visión o él había tenido una visión para conocer la eternidad,
que viajaron a Denver, murieron en Denver, que volvían a
Denver; que velaron por Denver y meditaron y andaban
solos en Denver y finalmente se fueron lejos para averiguar
el Tiempo, y ahora Denven extraña a sus héroes,"

Fragmento de "Aullidos" de Allen Ginsberg.





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Pequeño homenaje a Dean Moriarty

"Así, en esta América, cuando se pone el sol y
me siento en el viejo y destrozado malecón contemplando los vastos, vastísimos cielos de Nueva Jersey y se mete en mi interior toda esa tierra descarnada que se recoge en una enorme ola precipitándose sobre la Costa Oeste, y todas esas carreteras que van hacia allí, y toda la gente sueña en esa inmensidad, y sé que en Iowa ahora deben estar llorando los niños en la tierra donde se deja a los niños llorar, y esta noche saldrán las estrellas (¿no sabéis que Dios es el osito Pooh?), y la estrella de la tarde dedicará sus mejores destellos a la pradera justo antes de que sea totalmente de noche, esa noche que es una bendición para la tierra, que oscurece los ríos, se traga las cumbres y envuelve la orilla del final, y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos, pienso en Dean Moriarty, y hasta pienso en el viejo Dean Moriarty, ese padre al que nunca encontramos, si, pienso en Dean Moriarty."

Fragmento de "En el camino - Jack Kerouac"





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lunes, febrero 16, 2009

Cuando guste


Están colocados en fila. Equidistantes los unos de los otros y además no se mueven. Alguien los ha colocado de manera ordenada y entre ellos varias personas pasean provistos de prendas de abrigo y zapatos de suela gorda. Miran hacia lo que está en el suelo como queriendo encontrar algún rasgo que les permita reconocer y reclamar, de entre todo lo que ven, lo que ellos entienden es suyo.

El tiempo es bueno y un sol un tanto blanquecino intenta dar calor a la mañana de invierno en el campo. Sin embargo las personas que miran hacia el suelo están todas a la sombra. Aunque ha llovido no hace mucho esta mañana el mal tiempo se ha tomado un respiro que ha dejado el suelo verde y húmedo pero duro, con lo cual caminar sobre él no resulta trabajoso.

Hay un grupo reunido hacia un lado. Están todos juntos y parecen estar entorno a algo que también está sobre el suelo. Estos parecen que hablan entre ellos. Algunos fuman. Otros tienen las manos en los bolsillos de sus pantalones de pana o de sus chaquetas guateadas y verdes, verdes como el campo.

En la zona de umbria destaca la figura de un hombre corpulento. Está de perfil. Vestido y calzado para la ocasión, está parado entre dos de los cuerpos inertes que colocados en fila muy ordenada, equidistantes los unos de los otros no se mueven. No se mueven porque han sido abatidos a tiros en la práctica moderna de una de las actividades más ancestrales del hombre: la caza.

Señoría, cuando guste. El hombre corpulento de la foto dejó el periódico que estaba leyendo encima de la mesa que tenía frente a él y tomando dos grandes carpetas negras rebosantes de papeles se dirigió hacia la puerta. De camino a la Sala se echó la mano al bolsillo de la toga. Tenga un momento las carpetas que me he dejado el móvil en mi despacho.

Esa mañana lo explicó varias veces: ¡¡Caray que me gusta la caza!!

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domingo, febrero 01, 2009




En ocasiones es muy difícil romper esto que llaman blanco y comenzar colocar letras sobre el papel. Y esta es una de ellas. ¿Qué contar? ¿Qué decir? ¿De qué escribir?. Llevas pensando y pensando horas, horas que se convierten en días y de pronto llega la hora y no hay nada. El vacío. Y claro el vacío no es precisamente literatura. Vacío, blanco.

“Blanco” que me lleva inmediatamente al blanco de esos lienzos perfectamente enmarcados que en galerías y museos se exhiben sin reparo. Recordemos, lienzos blancos prisioneros de un marco, que no muestran otro color que no sea pintura blanca. Si lo se la pintura blanca es ya un color. Pero que sólo haya pintura blanca sobre un lienzo blanco no deja de resultar chocante al profano en la materia, que siempre con ganas de aprender, “pone el oído” amén del ojo, cuando con ellos se encuentra por ahí. . Y escucha que ese trozo de lienzo prisionero y anclado a la pared “nos muestra el resumen de los colores que en la tierra existen”, prometo que lo he escuchado. Lo que escucha uno lo oye en un tono tal que el profano en la materia, es decir yo, marcha a casa convencida de colgar en el blog una hoja en blanco resumen de todos los mis relatos habidos y por haber.

No obstante me invaden dudas. Y de inmediato comprendo que he sido infectada por un brote de ACNI (ataque creativo no identificado), virus peligroso donde los haya y bastante común hoy en día. Con lo cual vuelvo a pensar, horrible vicio, en que por qué el lienzo en blanco es una obra de arte y el folio en blanco publicado no.

Con el ACNI a cuestas, bueno no acuestas, más bien dentro, andaba yo, cuando no se me ocurre otra cosa que dirigir mis pasos hacia El Museo. Siempre me ha gustado ese edificio. Siempre. Solemne. Tranquilo. Discreto. Un edificio que despide un magnetismo infinito que emana de un interior repleto de historia y de arte.

Atravieso el amplio hall y me dirijo hacia la exposición que estos días vive de forma temporal en El Museo. Copias romanas de esculturas griegas. Fondos procedentes del propio Museo, unas veinte y otras tantas del Museo de Dresde.
Al entrar te quedas como las estatuas de dentro. De piedra. Penetras en otro mundo, piensas. Luego piensas dos veces, en esta ocasión es bueno hacerlo, y llegas a la conclusión de que en realidad te has quedado como ellas, porque ellas, las estatuas son como tú: humanas. Por eso te son cercanas. Bellas en ocasiones, en otras no tanto. De proporciones perfectas o tal vez no. Pero ese si tu mundo. Un mundo lleno de efebos y musas, de niños y ancianas, de muchachos que se coronan con hiedra, de Apolo y de Venus. Paseas entre Sueños y entre Ninfas. Entre rostros y cuerpos. Lo haces en medio de un respetuoso silencio pues tienes la sensación de que las figuras duermen un plácido sueño de años que las ha dejado quietas, pero que las mantiene vivas y temes despertarlas y que desaparezcan de tu vista. Así están y así han de seguir para poder recordar al contemplarlas que la belleza existe y que nosotros los hombres somos en ocasiones capaces de fabricar belleza con nuestras manos. “Entre Dioses y Hombres” vive actualmente en El Museo del Prado.

Al abandonar El Museo lo hice por otra puerta diferente a la de entrada. En mi recorrido me acompañaron los cuadros de siempre, que a modo de amigos que no fallan, saben te esperan en su casa y te reciben a gusto. De nuevo la calma. Calma momentánea, porque de inmediato pienso, esto de pensar es de horror, que al llegar a casa me estará esperando sobre la mesa la hoja en “blanco” y aún no se qué decirle.

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domingo, noviembre 23, 2008

La sonda


Acaba la semana con la noticia de que las temperaturas se van a poner a la baja, como todo en estos días. Las mínimas se nos van a ir por debajo de cero y las máximas no van a dar para mucho. Que no nos coja desprevenidos la temperatura normal de este tiempo. No nos dejemos sorprender.

Me conmueve y maravilla ver a un grupo de deportistas con “la roja” tirados en una pista azul tras haber luchado con furia y ganar otra vez, esa ponchera de plata que hace tan solo unos días parecía complicado. De nuevo sorprendente, buen fin de semana.

Me encontraba en una más que conocida pastelería de Madrid disfrutando de un café con bollo (los torteles de esta casa son de antología).Reparo que a mi lado está una mujer joven rubia, vestida de negro con un teléfono negro pegado a la oreja. Tiene el gesto crispado y mira fijamente a la taza que tiene frente a ella. “Para ya de decir chorradas. Te llevas follando a mi marido hace tres meses. Me lo ha dicho él. Así que jódete”. Cortó la conversación. Guarda el teléfono en su bolso negro y cogiendo el abrigo negro del taburete de al lado se dirige hacia la salida. Sorprendente ¿no?, bueno es lo que tiene el fin de semana que pasan cosas….

Sin embargo hay cosas que pasan, aunque sea fin de semana ante las cuales no encuentro las palabras.

“Sorprenden a una mujer inyectando alcohol a su hija de dos años en un hospital de Melilla


Una hermana de la menor falleció de forma repentina

Una niña de dos años ha sido trasladada al hospital Materno Infantil de Málaga después de que su madre, supuestamente, le inyectara alcohol a través de una sonda cuando la niña se encontraba ingresada en el hospital comarcal de la ciudad autónoma.
Según fuentes hospitalarias, la niña, ingresada en la UCI del hospital malagueño, se encuentra en estado grave pero evoluciona favorablemente tras sufrir un cuadro de intoxicación de alcohol.
Al parecer, el personal sanitario del hospital de Melilla sorprendió a la madre inyectándole a la pequeña un líquido con unos elevados niveles de alcohol.
Según fuentes policiales consultadas por la agencia Efe, recientemente una hermana de la menor falleció de manera repentina, por lo que se está investigando si esa muerte pudiera estar relacionada con este hecho.
Un juzgado de Melilla está investigando los hechos y ha decretado el secreto de sumario
.” (Diario el mundo, edición digital)
Definición de la Real Academia Española de sorprender “coger desprevenido. Conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible. Descubrir lo que alguien ocultaba o disimulaba”.
Invito a los habitantes de este bloc a buscar otra. A mí no se me ocurre.

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