viernes, septiembre 04, 2009

BEATUS ILLE

Dichoso aquel que consigue regresar de las vacaciones veraniegas sin graves quebrantos físicos o psíquicos. Vaya por delante que en mi opinión tal logro no es precisamente grano de anís, porque, pese a la crisis, que a lo que se ve sólo debe afectar a los de siempre, es decir a los que nunca han tenido vacaciones, las hordas de veraneantes lo invaden todo, haciendo prácticamente inalcanzable disfrutar del grado de sosiego y silencio que el descanso precisa.

Motos estruendosas, que petardean como una traca valenciana, coches tuneados, travestidos en discotecas ambulantes, calles atascadas que impiden utilizar el coche y convierten la posibilidad de encontrar aparcamiento en vana ilusión, supermercados arrasados de tal forma que a su lado el saco de Roma se nos antoja un juego de niños.

Y qué decir de las playas, por donde sólo puedes desplazarte sorteando cuerpos aceitosos con el riesgo más que evidente de tropezar con un volumen de Stieg Larsson y quedar cojo para toda la vida.

Pues si a eso le añaden la presión que debe soportar el aspirante a alumno del curso avanzado de El Mono Rojo, tendrán una imagen cabal de lo duras que son las vacaciones del autor novel. Ahí es nada tener que escribir tres relatos en dos meses cuando a lo largo de los doce anteriores no has sido capaz de pergeñar más que dos. Y la seño amenazando con la Biblia (literal). Le digo a usted, señor guardia…..

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miércoles, abril 01, 2009

REDES

Camino por calles atestadas
de coches, de luces, de ruido,
calles repletas
de escombros, de hierro, de esquinas,
de cristales, de antenas, de polvo.

Recorro las calles vacías
de ojos, de bocas, de voces,
calles desiertas
de tierra, de fuego, de agua.

Babel extiende sus brazos,
entrelazados, gemelos infinitos,
cuadrícula voraz, estómago laberíntico,
olvidé la entrada, no encuentro la salida,
ruina siempre en construcción,
furor de grúas y neones,
toda espacio, nada tiempo,
nunca encontraría a la Maga,
sueño varado, naufragio de aleteos,
no hay entrada, no hay salida,
trampa infernal,
red ineluctable.

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lunes, marzo 30, 2009

REDES

Camino por calles atestadas
de coches, de luces, de ruido,
calles repletas
de escombros, de hierro, de polvo,
de cristal, de antenas, de esquinas.

Recorro las calles vacías
de ojos, de bocas, de voces,
calles desiertas
de tierra, de fuego, de agua.

Babel extiende sus brazos,
entrelazados, todos iguales,
cuadrícula voraz, estómago laberíntico,
ruina permanente siempre en construcción,
olvidé la entrada, no encuentro la salida,
toda espacio, nada tiempo,
no hay entrada, no hay salida,
nunca encontraría a la Maga,
trampa infernal,
red ineluctable.

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domingo, marzo 29, 2009

CONMOCIÓN

Perturbación violenta del ánimo o del cuerpo es la primera de las acepciones que para conmoción dan nuestros doctos académicos y ese es el estado en que me ha sumido la lectura de “Aullido” de Allen Ginsberg. Empezando por “las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura” del verso inicial y terminando por “la bondad del alma” con que finaliza la Nota a pie de página, Ginsberg te golpea una y otra vez como si fueras el saco de entrenamiento de un boxeador o, mejor, un sorprendido “sparring” fatalmente condenado al k.o.

En el poema están presentes todos los motivos propios de la “beat generation”, desde las drogas, la filosofía zen y el sexo hasta la mística, el jazz y la condena del sueño americano, en eso no hay sorpresas, pero tras la aparente inocuidad de la letra impresa el poema te golpea, te arrolla, te avasalla a través de un torrente de imágenes de belleza y violencia desconocidas, para terminar remansándose en un idilio de comunión con el amigo loco al que va destinado el aullido y un canto a la santidad del universo.

El “colérico pinchazo” y el “relámpago de la mente” -el relámpago en vena de Sabina-, la sangre de Moloch, “torrente de dinero”, “los gritos de nitroglicerina de maricas de la publicidad”, los que “soplaron el sufrimiento de la mente desnuda de América por el amor en un llanto de saxofón eli eli lamma lamma sabacthani”, la “esfinge de cemento y aluminio” que abre los cráneos y devora los cerebros y la imaginación, “los Estados Unidos que tosen toda la noche y no nos dejan dormir” son algunos de esos golpes que me han conmocionado. Hay muchos más, son infinitos.

Pero no todo es padecer. En otro de sus poemas -Canción- nos dice que “el peso del mundo es el amor….la carga de la vida es el amor….cargamos el peso fatigosamente y así debemos descansar en los brazos del amor finalmente….” Lejos de la truculencia y el Apocalipsis Ginsberg también conmueve.

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domingo, febrero 15, 2009

BRAVO, SIGNORE ENGLARO


Por fin ha terminado el lamentable episodio que ha tenido por protagonista pasiva a Eluana Englaro y lo ha hecho, en mi opinión, de la mejor manera posible. Resulta paradójico que pueda calificarse de “mejor” a algo que ha terminado con la muerte de una persona, en este caso una mujer de 38 años de edad, de los que los 21 últimos habían transcurrido en estado vegetativo. Si utilizo ese término es porque considero que la forma en que ha concluido el asunto es la más compasiva para los afectados, esto es, para Eluana y su familia, y pienso que la compasión es, en su sentido de compartir el dolor con quién lo sufre, el único sentimiento a nuestro alcance en un caso como éste.

Ríos de tinta han corrido en las últimas semanas sobre el particular; muy diversos han sido los puntos de vista desde los que se ha tratado como también lo han sido las opiniones y argumentos utilizados en los medios de comunicación. No es mi intención volver sobre ellos. Pero sí hay un aspecto que quiero destacar y que no he visto ni oído que haya sido objeto de comentario en las encendidas polémicas que se han suscitado.

Nos hemos acostumbrado a lo largo de estas semanas a ver en prensa y televisión la sonrisa radiante y luminosa de ese estudiante de 21 años que era Eluana poco antes de quedar reducida al estado de coma en que ha permanecido tanto tiempo. Las denominadas asociaciones “pro vida” - ¿qué tendrá que ver la vida con el estado de Eluana?, me pregunto yo – han hecho un uso machacón de esas imágenes, sabedoras del partido que para su posición podían sacar de ellas, de esa representación de vida y energía que irradiaban, como diciendo: “esto es lo que quieren matar”.

Obviamente no conozco a los padres de Eluana, tan sólo he leído una entrevista hecha recientemente al padre, de la que he sacado la conclusión de que es un hombre de un temple y una coherencia fuera de lo común. Y ciertamente hay que ser de una pieza para no haber cedido a la tentación de utilizar en la agotadora lucha que ha mantenido un recurso fácilmente a su alcance y que hubiera resultado demoledor para las campañas desatadas en su contra. Me refiero a hacer pública una foto de su hija que reflejara su estado real: una mujer de casi 40 años, inconsciente, alimentada e hidratada artificialmente desde hace 17 años y conectada por un sinfín de tubos a una máquina. Es más que probable que si esa imagen hubiera sido del público conocimiento, “il cavaliere” hubiera perdido parte del súbito y postrero interés que mostró en el asunto. ¿No creéis?

Pues pese a ello y pese al mal cariz que el asunto llegó a tomar, el Sr. Englaro no cayó en la tentación, sin duda por el deseo de no ver violada aún más la intimidad de Eluana, y prefirió seguir luchando con las demás armas a su alcance que no le violentaban ni a él ni a su hija.

Bravo, signore Englaro.

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domingo, febrero 01, 2009

A AÑOS LUZ

Con cierta frecuencia aparecen en los medios de comunicación noticias sobre astronomía que suelo leer con atención aunque mis conocimientos sobre el tema no den para mucho. Desde que mi madre me enseñó en mi adolescencia los nombres y la posición de algunas estrellas, he sido un aplicado observador del cielo nocturno, pero mis escasos conocimientos de física me han impedido sacar auténtico provecho de algunas voluntariosas lecturas sobre la materia. Ello no ha desanimado mi curiosidad, que se ha mantenido íntegra a lo largo de los años a nivel meramente divulgativo.

En esta línea leí hace pocos días una breve pero curiosa reseña periodística sobre una observación astronómica realizada recientemente de un hecho registrado el 11 de noviembre de 1572, hace más de 436 años.

Las distancias entre los astros, como es bien sabido, son de tal magnitud que para ellas se emplea una unidad de medida específica, el año luz, equivalente a la distancia que recorre la luz en un año a razón de 300.000 kms. por segundo. Tan disparatada velocidad, impensable para la mente humana, no impide que la luz de la estrella más cercana a la Tierra - después del Sol - tarde en llegar a nosotros más de cuatro años. Y es la excepción, porque hay cientos de ellas a miles e incluso millones de años luz.

Esto da lugar a un fenómeno que, si bien puede explicarse de forma perfectamente lógica, no deja de tener algo de mágico o incluso poético. Al observar el cielo una noche despejada podemos estar viendo la luz de una estrella que ya no existe; bastará para ello que se haya extinguido hace menos años que el número de años luz que dista de la Tierra.

Esta paradoja encierra imágenes muy poderosas, hasta el punto de que me viene en ocasiones y con distintos motivos a la cabeza. La última vez que me ha ocurrido ha sido mientras leía en la prensa las recientes declaraciones de un personaje político español que ocupó las más altas magistraturas de la nación. Tras la relativa sorpresa inicial no pude evitar sentirme como el observador nocturno que está mirando una estrella extinguida a años luz de la Tierra, una estrella cuya luz llega a nosotros con enorme retraso pero que ya no existe, un eco del pasado. Lo que no conseguí encontrar en este caso fue el lado poético.

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lunes, enero 19, 2009

LA CABRA



Dos cabras están buscando en un vertedero algo con qué llenar el buche y una de ellas encuentra un rollo de celuloide; después de inspeccionarlo un rato comienza a comérselo. La otra, al verla mover el bigote, se acerca y le pregunta: “¿Qué tal?” A lo que la primera contesta: “Me gustó más el libro”.

Este viejo chiste ilustra perfectamente la creencia tan extendida como infundada de que las películas rara vez están a la altura de las obras literarias en que se basan, que acabo de ver plasmada por enésima vez en un medio de comunicación – no en una crítica especializada, aclaro. Como digo, se trata de una opinión tan generalizada que casi resulta iluso tratar de hacerle frente, pero con la audacia que da el convencimiento - ¿quién dijo miedo? - me arriesgaré a intentarlo.

Parte esta supuesta superioridad de lo literario sobre lo cinematográfico del desconocimiento general sobre el gran número de películas cuyo guión no es original sino adaptación de una obra literaria preexistente, normalmente una novela. Con gran frecuencia dicha novela es desconocida por el gran público por lo que nadie establece en la mayoría de los casos la comparación. Esta sólo se plantea cuando el libro es conocido, lo cual implica ya de entrada que se trata de una obra de cierta consideración y previsible valía; de ahí su conocimiento previo por el público. En estos casos nos encontramos con que uno de los términos de la comparación, la novela, es de calidad, mientras que el otro, la película, aún tiene que demostrarla. Y es fácil que en la competencia con una obra consagrada la aspirante no esté a la altura.

Pero son mucho más numerosos los casos en que el guión de una película es adaptación de un libro desconocido para la gran mayoría del público. Creo no exagerar si afirmo que no menos del 30% o 40% del cine americano es adaptación de novelas que no han tenido no ya éxito sino ni siquiera un cierto eco. Y si no lo han tenido, por algo será. En este supuesto la competencia está más equilibrada puesto que ninguno de los contendientes parte con ventaja, la novela porque no es gran cosa, la película porque aún no sabemos si lo será. En estos casos es sorprendente la cantidad de veces que la película se lleva el gato al agua. Sin ánimo de ser exhaustivo (sería imposible) y citando tan sólo reconocidas obras maestras, ahí van unas cuantas películas que superaron con mucho sus, en la mayoría de los casos, mediocres antecedentes literarios:

-Lo que el viento se llevó—De aquí a la eternidad—El buscavidas—Más dura será la caída—Alguien voló sobre el nido del cuco—La jauría humana—El puente sobre el río Kwai—Los puentes de Madison—Ben-Hur—Blade runner—La tentación vive arriba—Psicosis—Lawrence de Arabia—El graduado—Mistic river—Casablanca—Rebeca—Senderos de gloria—El pianista.

La lista es interminable, así que ya lo saben, no me hagan Vds. la cabra.








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domingo, diciembre 14, 2008

UN SATISFECHO



Acabo de leer en el suplemento dominical de un conocido periódico una entrevista a un intérprete de música moderna de cierto renombre. Antes de terminarla ya me estaba reprochando haberla empezado ante el cúmulo de lugares comunes contenidos tanto entre las preguntas como entre las repuestas. Claro que me está bien empleado.

Sin embargo, a pesar de los tópicos, hay dos pasajes de la entrevista que me resisto a dejar pasar sin comentario. Se refiere el primero de ellos a la obligada pregunta a esta clase de famosillos sobre cuál es su peor defecto. Es sorprendente lo cerca que los defectos confesados están de las virtudes. Y así puedes formar un florido ramillete que va desde ser un perfeccionista a exigirse demasiado, pasando por no saber mentir. Es para decir: “tipo encantador este que tiene defectos tan llevaderos”. Aunque al final el elevado número de falsos viciosos te hace sospechar que tienen razón, que no saben mentir, vamos que lo hacen fatal y se les acaba notando. Será para celebrar el día en que uno de ellos confiese sin rubor, o incluso con él, que es más agarrao que un chotis o que la envidia le produce ataques de ictericia que precisan de atención médica urgente. Temo que será vana mi espera.

En cualquier caso este primer asunto no es tan grave, al fin y a la postre es muy humano no ser demasiado consciente de tus defectos. El segundo es mucho peor. A la `pregunta de si se arrepiente de algo, el entrevistado, o entrevistada, contesta invariablemente que no. Y ¡ojo! que no es un no dubitativo, emitido tras un, aunque sólo sea, amago de reflexión, no, qué va; es un no categórico, un punto insolente, como diciendo: “Pero ¿es que tengo yo cara de arrepentirme de algo? ”(el efecto gana mucho en el formato de entrevista audiovisual).

Por sorprendente que parezca, esta respuesta no es privativa de lo que he llamado famosillos, artistas y celebridades de medio pelo, de los que en principio nadie espera elevadas dosis de prudencia y sentido común. Auténticos intelectuales de culto, personalidades de la política, las artes y las letras, con la pátina de supuesta mesura que da la edad, reaccionan de la misma manera ante la pregunta de marras.

Y si digo que esta respuesta me parece más grave que la primera es porque considero que sólo una absoluta estupidez y/o la vanidad más insufrible pueden explicarla. ¿Es posible que alguien sea tan necio o tan pagado de sí mismo como para no desear haber obrado alguna vez de forma distinta a como lo hizo? Pues sí, es posible. Pero es que para remachar el clavo, algunos añaden aquello de : “No reniego de nada, pues gracias a todo lo que he vivido he llegado a lo que soy”. Ya lo vemos, querido, un perfecto zoquete es lo que has llegado a ser; o, como suele decir mi madre, un satisfecho.

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domingo, diciembre 07, 2008

NO ABURRAN AL RESPETABLE, POR FAVOR

Es tarea poco menos que imposible la de encender la radio o el televisor y no dar con alguno de esos programas llamados de debate político. Confieso sin ambages que huyo de ellos como de la peste. Muchos son los motivos que podrían justificar esta no disimulada aversión: desde su habitual desarrollo como auténticos diálogos de sordos, en los que, lejos de convencer, tan sólo se pretende desacreditar al oponente, hasta el deplorable nivel dialéctico de los participantes, cuya falta de finura ofende a la sensibilidad menos despierta.

Pues bien, aunque pueda parecer caprichoso no es ninguna de las expuestas la auténtica causa de mi alergia, resignado como estoy a estas alturas a la intolerancia y la zafiedad como genuinas marcas de fábrica de la vida nacional. Lo que verdaderamente me echa para atrás de este tipo de programas es la total y completa ausencia de imaginación en los protagonistas, la absoluta previsibilidad de todas y cada una de sus intervenciones. Conocido el partido político o el medio de comunicación en que cada uno milita, nunca mejor dicho (por aquello de la disciplina), puedes anticipar con casi un ciento por ciento de probabilidades de acierto lo que va a decir.

Hasta tal punto es ello así que, en aras de la obligada austeridad en tiempos de crisis, someto a la consideración de los programadores de medios audiovisuales un nuevo formato para estos espacios, el de participante único, con arreglo al cual un solo sujeto defendería las diferentes posiciones debatiendo consigo mismo. Antes de cada intervención del solitario argumentador el moderador anunciaría el partido o el medio al que correspondería aquella, aunque bien mirado no considero este anuncio estrictamente necesario, por lo que podría prescindirse también del moderador, figura absurda donde las haya para esta clase de programas incluso en su formato tradicional.

Por si alguno, de los programadores, claro, no está convencido, me ofrezco a someterme a una prueba como “monodebatiente”, prueba que estoy seguro de superar de forma brillante. Incluso por un pequeño “extra”, a todas luces bien ganado a la vista del suculento ahorro que mi propuesta conlleva, me comprometo a dar de vez en cuando algún susto al personal, saliéndome del guión para dejar caer alguna “morcilla” de mi cosecha que espabile un ratito a la audiencia. Espero ofertas.

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jueves, noviembre 20, 2008

MUJERES NECIAS AL PODER





Leo con estupor, ni siquiera atemperado por la creciente resignación ante la confusión hoy reinante entre lo prudente y lo insensato, que aún hoy no le es posible a una mujer en España figurar como cotitular con su marido o pareja de una explotación agrícola o ganadera, y ello pese a que, como es de todos sabido, suele ser la regla que en este tipo de explotaciones, y especialmente en las ganaderas, la mujer apenque en pie de igualdad con los trabajos, cuidados y desvelos que el buen fin del negocio requiere. Y aunque algunas de las consecuencias más notoriamente inicuas y perjudiciales para las labradoras por mor de tal desafuero se han ido solventando por la vía de reformas parciales de la normativa sobre seguridad social, es lo cierto que, al carecer de la legitimación que otorga la titularidad, se ven necesitadas de la autorización del varón, en cuanto único titular, para la realización de cualquier trámite, entre otros agravios no menos vejatorios.

Forzoso es celebrar que esta situación parezca estar tocando a su fin, pues existe ya un borrador de decreto que santifica la titularidad compartida, aproximando así la realidad del medio rural a lo que los tiempos, y el sentido común, demandan en cuanto al reconocimiento de los derechos de la mujer en todos los órdenes de la vida.

Sin embargo, la celebración debe ser discreta y no hacernos olvidar que la plenitud de dicho reconocimiento dista mucho de ser inminente. Son muchos siglos de cultura, incultura en este caso, los que hay que desterrar y la tarea llevará su tiempo, pero precisamente por esta razón es esencial centrar bien el objetivo y tener claro a dónde se quiere llegar. Ello exigirá salir con decisión al paso de ciertos planteamientos, aparentemente ingenuos, que tratan de rebajar la dificultad del esfuerzo admitiendo una mejora importante en el estado de la cuestión sobre el argumento de que las mujeres inteligentes y bien preparadas ven reconocidos sus méritos cada vez más.

Para desmontar esta falacia recurriré a la tesis defendida por el gran Antonio de Senillosa en un artículo publicado sobre la materia en el que ponía a cada uno en su sitio con sus habituales ingenio y clarividencia. Prevenía Senillosa sobre el daño que podía causar a la causa de la igualdad entre hombres y mujeres considerar como buen indicio de los avances conseguidos en ella el que las mujeres sabias y prudentes fueran reconocidas y promovidas a puestos de relieve de forma creciente. En poco ayuda esto, pues no hay que confundir el punto de partida con la meta. Que a las mujeres bien preparadas se les confíen graves responsabilidades es justo y necesario, faltaría más, pero tan sólo podrá hablarse de auténtica igualdad cuando haya tantas mujeres necias ( Senillosa dixit ) en puestos importantes como hombres necios hay en puestos importantes. Echad la cuenta de éstos ( añado yo ) y sabréis lo que falta.





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jueves, noviembre 13, 2008

GRACIAS, G. W.

El tan sabio como en estos últimos tiempos postergado refranero nacional reza que "es de bien nacidos ser agradecidos", valorando de ese modo la gratitud como signo y muestra de buena crianza. Animado por esta certeza, me propongo a continuación reparar la contumaz injusticia que en estos días pasados se ha dado en cometer contra un notorio personaje, al que, de forma harto incomprensible, nadie ha reconocido los muchos méritos acreditados para el acaecimiento de uno de los sucesos que más atención ha obtenido de los medios de comunicación.

Desde Abraham Lincoln a John F. Kennedy, pasando por Martin Luther King, Malcom X., Rosa Parks, Casius Clay o Duke Ellington, interminable es la lista de aquellos a los que se les ha reconocido, en mayor o menor medida, haber contribuido al triunfo en las recientes elecciones presidenciales de EEUU del candidato demócrata Barack H. Obama, y eso cuando los méritos de algunos de sus integrantes, no desde luego de los antedichos, son más que dudosos.

Pero en un ataque de austeridad que, en materia de celebraciones de todo tipo, resulta insólito en cualquier periodista que se precie, en la mentada lista no aparece G. W. , mi patrocinado, por más que su aportación a la causa no pueda calificarse sino de crucial, hasta el punto de que me atrevo a afirmar que sin ella nunca podría haberse llegado a buen puerto. Ninguno de los anteriormente citados realizó jamás aportaciones tan decisivas para el objetivo alcanzado y pese a ello son objeto de alabanzas y parabienes, mientras que mi buen G. W. es víctima del mayor de los olvidos.

Al menos en lo que al triunfo de Obama se refiere, porque en cuanto a las cotas alcanzadas en otros campos el reconocimiento que se dispensa a G. W. , preciso es admitirlo, es unánime. Y es que sus logros no son precisamente grano de anís; ahí es nada dejar el oriente medio convertido en un polvorín a punto de estallar; los derechos civiles en gran parte del orbe, y especialmente en la que por razón de su cargo le compete, en estado de coma; la economía de su país, y por ende la de los demás, reducida a cenizas, y como colofón, el prestigio de la mayor potencia mundial hecho unos zorros. En todos estos campos sus esfuerzos no han pasado desapercibidos, hasta el punto de auparle, como es de justicia, a lo más alto de algún ranking de esos que tanto gustan por las Américas. En cambio, ni una palabra de agradecimiento por su decidida y más que generosa colaboración en la victoria de Obama. ¿ Cabe mayor ingratiud ?

Por todas estas razones me he sentido obligado a este modesto homenaje de desagravio. Bien que, siendo como es G. W. hombre de profundas convicciones, a buen seguro que obtendrá de ellas consuelo muy superior al meramente terrenal que está en mi mano brindarle. Y en el improbable caso de que así no fuera, le recomiendo vivamente que acuda en su tribulación a un pasaje del Éxodo, el de las siete plagas de Egipto, con el que se sentirá, no abrigo ninguna duda, plenamente identificado. Así que lo dicho, muy agradecido, G. W.

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viernes, noviembre 07, 2008

Entusiasmos excesivos

Hace un par de semanas apareció en los medios de comunicación la referencia a una supuesta queja, posteriormente desmentida, de la embajada alemana en París ante el Elíseo por la incomodidad que a la canciller Angela Merkel le producían los excesos afectivos de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy la hacía objeto asiduamente, traducidos en contactos físicos, al parecer no deseados por la dama y que, según rezaba la noticia, la violentaban sobremanera.
Inmediatamente me dije: "parlanchín, aquí tienes tu bautismo de fuego en el blog", y es que el tema de los toqueteos entre altos mandatarios de la política, pertenecientes a distintos países, no abunda en antecedentes, al menos conocidos, por lo que resulta previsible que atraiga poderosamente a quien, como este plumífero que os importuna, se deja deslumbrar sin apenas resistencia por el oropel de lo insólito.
Pero es que, además, el tema me interesa personalmente, porque soy de los que piensan que nos tocamos poco. Ya sea por timidez, por pudor o por temor a la condena social, huimos del contacto
físico, salvo que esté santificado por relaciones familiares o sentimentales públicamente reconocidas como adecuadas.
Y por una vez los hombres lo tenemos aún peor que las mujeres. Si brindamos este clase de atenciones a un mujer, pasaremos a engrosar las filas de los sobones babosos, y, si a un hombre, de los gays irredentos. Las mujeres, por contra, si bien recibirán el título de pendones desorejados o verbeneros si se aproximan en demasía a un varón, tienen el consuelo de poder hacerlo casi sin freno con una congénere, sin ser acusadas irremediablemente de desviaciones sospechosas.
Pienso que las cosas, tanto las públicas como las privadas, irían mejor si nos tocaramos más, tomando ejemplo en esto de tantas especies animales, cuyos acercamientos físicos, y no me refiero a los inequívocamente reproductivos, son considerados por cualquier naturalista experto como reforzadores de la cohesión del grupo.
Y por este motivo no puedo sino disculpar al presidente galo por sus confianzas sobre Angela Merkel, aunque mucho me temo que desde ahora no le vaya a quedar más remedio que analizar detenidamente si realmente contribuyen a la cohesión franco-alemana.
En lo que, lejos de disculparle, debo condenarle de forma decidida, es en las exageradas manifestaciones de alegría con que saluda, no sólo a sus colegas extranjeros, sino también a cualquiera que se le ponga a tiro, porque, en primer lugar, me parecen hipócritas por desmesuradas, y, en último término y sobre todo, porque me recuerdan a esos amigos y conocidos que todos padecemos, que por el mero hecho de vernos parecen estar recibiendo la mayor alegría de su vida.
Esas exageradas demostraciones de entusiasmo ante la simple vista de mi modesta persona me llenan de un sentimiento que, si empieza siendo de sorpresa, suele terminar convertido en irritación. Y comprendo que esa puede ser una reacción excesiva, en este caso por mi parte, pero no puedo evitarlo. Que alguien aparente que encontrarme en la cola del cine es lo mejor que le ha pasado en el último año me coloca en la incómoda disyuntiva de o imitar su absurda euforia, violentando mi natural forma de ser, o dejar patente que no disfruto ni la mitad que él de nuestro encuentro, resultando descortés.
Y quede claro que el grado de entusiasmo de que estos agobiantes sujetos hacen alarde no es fruto del tiempo transcurrido, a todas luces excesivo para su gusto, desde el último encuentro padecido, no, qué va; aunque te hayan visto la semana pasada o incluso anteayer, te abruman de igual forma. Vamos, insufrible.
En fin, que, a modo de corolario, yo diría que achuchones sí, pero entusiasmos los justos.

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miércoles, octubre 29, 2008

Mi nombre y mis propósitos

Doy comienzo a mi andadura en el blog cometiendo dos atropellos; vamos, sin complejos. Y para colmo con una única víctima, común a ambos.

Empecemos por la víctima, que no es otra que Fígaro, alter ego de Mariano José de Larra, maestro de periodistas, cuya estrella brilló con tanta luz como brevedad en la prensa madrileña entre 1832 y 1837.

Prosigamos con los agravios. Consiste el primero en tomar prestada, para rubricar esta columna, la cabecera del periódico por él fundado en 1832 bajo el título de "El pobrecito hablador", si bien el préstamo sólo lo sea a medias, ya que mi natural timidez y el respeto que profeso a don Mariano me han aconsejado no consumar el desafuero, con lo que el hablador no pasa de parlanchín, aunque el conmiserativo pobrecito se mantenga.

También ha pesado en mi ánimo, justo es reconocerlo, mi interés en huir del mal fario que la literalidad de dicha cabecera podría llevar consigo, pues no había cumplido sino unos pocos meses cuando fue suspendida por la censura de la época. Resulta obvio que la autoridad que rige nuestros destinos literarios (bien sabemos de quién se trata y cómo las gasta) ningún parecido guarda con el tenebroso Calomarde, pero mejor no tentar la suerte.

El segundo de los atropellos de que he hecho víctima al ilustre Fígaro es con mucho el más grave de los dos, pues entra de lleno en la categoría del plagio, al apropiarme, que ya no pedir prestado, pues petición tal estaba condenada al fracaso, del título del primer artículo que publicó, el 15 de enero de 1833, tras el cierre de "El pobrecito hablador", en la Revista Española, para colocarlo con criminal desparpajo en el encabezamiento de estas líneas.

Pero es que a la ocasión la pintan calva y se da el caso de que cuando, con el fin de recabar información sobre la ilustre víctima consultaba un ejemplar de sus obras, cayó bajo mi vista el artículo de marras, cosa, por otra parte, nada difícil, pues es el que abre el volumen, y me dije, feliz con mi buena suerte: Qué mejor homenaje al maestro que reproducir el título del artículo en que hizo partícipes a sus lectores de sus motivos para adoptar como nombre de guerra el de Fígaro y de sus intenciones al tomar la pluma, encontrándome yo en el trance de tener que explicar a mi vez unos y otras.
Así que ¿quién dijo miedo?, y heme aquí anunciando que es mi propósito hacer uso de la benevolencia de que la autoridad ( la misma de antes) me ha hecho objeto y dedicar estas modestas aportaciones a glosar cualquier noticia o información que tenga a bien aparecer o ser difundida en los medios de comunicación al uso, a saber, prensa escrita, radio, televisión o cualquier otro que el progreso de los tiempos, que diría Fígaro, nos depare.
Y confío en alcanzar vuestra conformidad si afirmo que este propósito, si noble o no el tiempo y vosotros lo diréis, justifica los agravios que de mi mano ha sufrido don Mariano, pues será difícil encontrar mentor más adecuado si de comentar la actualidad con un punto de sal y pimienta se trata.
Cierto que no puedo garantizar las dosis de originalidad (a la vista está) e ingenio que le hicieron célebre, pero trataré de suplirlas con entusiasmo y aplicación, y espero con ello no terminar encontrándome en la situación, ya anunciada por don Mariano en su artículo, "de gustar poco a unos y disgustar mucho a otros", para la que en resumen él receta no preocuparse, pues queda "siempre el simple recurso de disgustar a los unos y a los otros, dejándolos a todos iguales; y si os motejan de torpe, no os han de motejar de injusto".
Pues eso, la justicia ante todo. Hasta pronto.

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miércoles, octubre 22, 2008

Bien halladas

Hola chicas, aquí estoy. En realidad ha sido bastante fácil dar con vosotras, pese a todas mis dudas del lunes. Espero ir familiarizándome poco a poco con todos los secretos del blog.

Y como lo nuestro va de libros, me ha parecido apropiado emplear como nombre de guerra el del barco en que el intrépido Jim Hawkins se aventura, siempre bajo las asechanzas de John Silver el Largo, en busca del tesoro del capitán Flint. Estoy seguro de que la travesía será provechosa y espero que menos accidentada que la del bueno de Jim.

Bueno, tan sólo pretendía saludaros y ya está hecho. Como a partir de la semana que viene habrá que acometer mayores empeños, prefiero reservarme, no sin aprovechar cobardemente el parapeto virtual para agradeceros, aunque sea con retraso, vuestra cálida acogida.

Muchas gracias y saludos.

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