lunes, abril 02, 2007

La mujer que fue jueves

Domingo

Termina la novela de Chesterton, la aventura onírica de Gabriel Syme, el poeta que como Alicia, en el país de las maravillas, se hunde en el suelo como si se lo hubiera tragado la tierra. Quince capítulos narrados por un omnisciente paródico con un ritmo trepidante. Los hermanos Marx y la teología.

Las palmas, la falda y el twin set. Con la Semana Santa venían los estrenos, los estornudos y la tristeza. Olía a arroz con leche y torrijas, a santos tapados para no ver. El confesor de Franco lavado por los pies níveos de los monaguillos. El Vía Crucis atravesaba el Parque del Oeste. Los mayores serios y tu madre distraída con los brotes, la flores y los colores de las nubes.

Hoy, las palomas torcaces devoran los brotes de los árboles que ella ve desde el invernadero, hace dos años que no compra una tarta para su abuela. Marita, ya no le cuenta historias.

Una nube cubría la mente de los hombres,
Y el viento gemía,
Sí, una nube enferma cubrió el alma,
cuando fuimos niños ...

Sábado

No encuentra la tapa de la tetera. Sospecha que la habrá roto Juani, la anarquista doméstica. El espíritu de la destrucción ha entrado en la casa, sabe que eso ocurre cíclicamente. El ángel, el huevo, la tetera. La interpretación es confusa, algo así: no volar demasiado alto, que se rompen las alas; comprar huevos para El Mono; desayunar café con leche.

Hace años, le dejó Praga Mágica, de Angelo María Ripellino, a un amigo. Esta mañana entra en la librería con un título escrito en un papel azul: Pregúntale al polvo, de John Fante, un regalo para Lola. En los anaqueles de guías -resaltados por las vacaciones- ve el ensayo de Ripellino, se abalanza sobre él. Gracias, Seix-Barral.

Aún hoy, cada madrugada a las cinco, Franz Kafka vuelve a su casa de la calle Celetná(Zeltnergasse), con su traje negro y su bombín. Aún hoy, cada madrugada, Jaroslav Hasek, en alguna taberna, proclama que el radicalismo dañino y que el sano progreso sólo puede alcanzarse con la obediencia. Praga vive aún bajo el signo de estos dos escritores, que expresaron mejor que nadie su condena sin remedio, por tanto su malestar, su malhumor, las dobleces de su astucia, su fingimiento, su ironía carcelaria.

Etiquetas: