lunes, noviembre 20, 2006

Sensación de paz.


Ha sido una cuestión de sangre. No de la sangre roja que se derrama y mancha. Ha sido cuestión de esa otra sangre que corre en el interior de la sangre y que se pone en marcha cuando escuchas a través de un teléfono móvil, una voz débil y preocupada que proviene de quien te ha dado las dos clases de sangre. Es como una especie de silenciosa señal que acompaña el sonido de las palabras de aquellos seres queridos y sanguíneos y que por debajo de ellas, de las palabras, te llega dentro muy dentro. Y no sabiendo cómo ni de qué manera en segundos te provoca un nudo de sangre, de esa sangre que nos corre por el interior de la conocida sangre roja. Este nudo te hace sentir de inmediato reacciones animales, absolutamente instintivas y profundamente primitivas (reacciones que por desgracia hemos aprendido a machacar o bien a desdeñar) que jamás nos dejan y que cuando menos nos lo esperamos atacan. Es esa llamada de los tuyos, de la sangre. Cuando la escuches llegar debes parar y dejar libre tu instinto y escuchar. Escucharte en silencio y dejar que el corazón, por el que pasan todas las sangres, te hable. Si lo escuchas y le sigues das la vuelta y llegas a casa, a la guarida, donde encuentras a alguien preocupado, inquieto. De inmediato se pondrá tieso, incluso tenso y no es raro que lo primero que te diga sea: ¡¡ Pero qué haces aquí hija !! ¡¡ Con la cantidad de trabajo que tienes !!. Tu procuras poner cara de "pues nada, ya ves, que como he salido pronto.... (dejas escapar un suspiro en recuerdo de tu Taller al que sientes en la Cercana Lejanía y recuerdas el "relato en 3ª que te acabas de perder)". Y comienzas a hablar pausado y procuras dulcemente poner en orden una división de pesetas a euros que no sale, origen parece ser de todos los males, insistes pausamente en que uno de los ahora son ciento y un poco más de las de antes y que con su pensión y sus gastos puede tener para hacer frente unas cuantas veces a la restauración de un pendiente (meollo de la cuestión), al que le faltan, vaya por Dios, un par de "simpáticas piedrecillas brillantes", cuya pérdida es relatada con todo lujo de detalles y que pacientemente escuchas. Sin que ella lo note mucho colocas los ceros donde debes y las comas en sus sitio y de pronto ves como el gesto cambia. Procuras hacerle ver que si es capaz de ir dos veces a nadar a la semana (800 mts. cada vez), tener dos días de clase, marchar bastante lejos para atender a los que hace falta atender y organizar un cena para veinte, podría hacer un curso rápido de cálculo o bien ponerle una pilita a la calculadora que tiene en la cocina, al mismo tiempo que comentas que el bizcocho de nata que tienes parte en la boca y parte en los dedos, está superior. Unas risas, más la visita a "Los Chinos" de enfrente a por la pila, acaban por colocar de nuevo orden donde nunca faltó. Con un "es que esto de los euros es un lio" y "mañana hablo con tu hermano y ya me acerco yo a ver a Pedro.." sientes que de nuevo la sangre circula pues el nudo ha desaparecido. Aceptas resignadamente que te has quedado sin Taller pero sientes por un momento un algo parecido a una reconfortante sensación de paz. Tu madre se ha quedado tranquila.