jueves, agosto 21, 2008

Bombones helados


Saludar a los habitantes del blog que leo están tan vivos y activos como de costumbre. Desear que todo esté "normal" (bien es mucho) y que nos volvamos a encontrar de nuevo todos del otro lado del blog al llegar el otoño.


Como el calor aprieta he pensado dejar en el blog bombones frios. Pequeños apuntes de grandes narradores que con el calor que hace y la siesta que tenemos encima son de fácil digestión.


Anécdota
Un capuchino acompañaba a un suabo a la horca, bajo una lluvia intensa. El condenado se quejó varias veces a Dios durante el camino, por tener que seguir una suerte tan amarga con tiempo tan malo y desapacible. El capuchino quiso consolarlo cristianamente y dijo: “Por qué te quejas tanto, sinvergüenza; tú sólo tienes que ir, pero yo, con es tiempo, tendré que rehacer el camino…”. Quien haya sentido lo triste que es volver del patíbulo, incluso en un día hermoso, no encontrará tan tontas las palabras del capuchino.


Suceso diario
El trabajador Brietz fulminado en el paseo nuevo, dijo al capitán von Bürger, del antiguo regimiento de Tauentzien, que el árbol bajo el que ambos se encontraban resultaba sin duda demasiado pequeño para dos, y que podría resguardarse muy bien debajo de otro. El capitán Bürguer, hombre tranquilo y modesto, se situó efectivamente bajo otro árbol, momento en que el mencionado Brietz fue alcanzado y muerto al instante por un rayo.


Textos breves recogidos en el libro de relatos “El terremoto de Chile” de Heinrich von Kleist.

Heinrich von Kleist. Nace el 18 de octubre de 1777 en Francfort del Óder. Pone a fin a su vida de un disparo el 21 de noviembre de 1811 en una pequeña colina sobre el Wannsee después de disparar primero contra Henriette Vogel a la que acaba de conocer.