domingo, mayo 06, 2007

DIA DE LA MADRE

La encargada relega el último buda al fondo. Los primeros estantes relucen. Oro precioso, plata engarzada, abalorios grandes. Enormes bolsos floridos, pareos con peces rosas. Perfumes de jazmín, limón, azahares por todos lados. Venga chicas, apuremos el cigarro que la jornada empieza. Mamen se baja del taburete. Señala orgullosa el cartel. Esta vez no lo he roto. Intacto, dice. Bea se sienta a mi lado. Sus ojos se escapan a los andenes, tensados hacia el suelo. Golpea la colilla, la ceniza se escurre entre sus dedos. Hace seis meses que no la veo, suspira. A ella le gustan los paseos largos. Luego se asoma al puente, mira el río, me llama. Siempre te sucederá lo mismo, le digo. Son las grandes avenidas, los neones parpadeantes. Las bibliotecas no nos dejan dormir aunque sepamos que no podremos visitar todas. Bea me sonríe, cuándo fue la primera vez que tuviste una amiga que iba a ser madre. Mamen se tumba también. Su voz se inquieta,¿Creéis que será el día de las mamás también en Japón? La oscuridad va desapareciendo. Los jurados montan sus patinetes, registran equipajes. El sol, los olores de los pañuelos tintados se enardecen. Los inciensos traspasan los cristales. Una mujer golpea el periódico en la puerta. Nenas, cuándo abrís. Es que se me va el treeen. La primera amiga fue a los catorce, le contesto. Bea se inclina, me coge la mano. Fuimos a ver Flashdance, a escondidas. Entonces quiso ser bailarina, que nos compráramos una bicicleta. Cogió un lápiz de ojos del cofre de su madre y me lo dio. Pero yo no me atreví a sacarlo. Se lo escondió en el bolsillo. Luego conoció a uno. Ojos verdes, cara de niño, decía. Se quedó embarazada. Quise llevarle los deberes pero nunca más pude verla. Siempre me imagino al tipo muerto ¿sabes? Nunca vivo. Cada libro que leo, su cara de muerto, leo sola. Mamen se arremolina en medio. Me abraza, lo que yo os digo. Para mi que no hay día de estos en Japón. Mirad, están todos aquí. Docenas de sonrisas amarillas se agolpan en el escaparate. La música suena. La encargada tira el cigarro, ya ves, algunos son muy canallas hija. Mamen vamos, abre ya la puerta que hoy les voy a vender hasta los maniquíes a éstos, hombre. Bea se incorpora y tira de mi. Hay un cuadro precioso en el Prado, le digo. Es de Tintoretto. María llevando al niño a Simeón. Si los observas desde el margen derecho parece que estás dentro del templo. No dejaré las clases de dibujo si me contestas a la pregunta. Los focos iluminan su sudor, la melancolía desaparece. ¿La historia que cuentas es verdad o truco de escritor? Anda tonta vamos, Japón nos reclama. No en serio, venga. No te lo digo. Que sí mujer dímelo, una amiga es casi como una hija. Y a las hijas hay que contarles cosas ¿no? Isaaaa cómo se dice le queda maravilloso en ingleeés. Que se me ha olvidaooo. Bea dirige sus ojos fuera, las farolas siguen encendidas. Corro al mostrador, hay muchos regalos que envolver. Hoy el día será largo. El sol me deslumbra, acaba de posarse sobre mi cabeza. La multitud empieza a agitar los brazos.