viernes, enero 12, 2007

El perro de María José

Postrada en la chaise-longe, releo con mi ojo a la funerala las fichas con párrafos de Fausto. Las escribí hace tiempo, cuando estudiaba Derecho con mi amiga María José y corríamos con su perro-ahora no recuerdo el nombre, qué horror- y ella estaba enamorada del profesor de Trabajo y yo del de Historia y él de mi, y mi hermano tenía muchas novias y Lolita vivía y tomábamos café con leche en la Politécnica. A veces voy hacer fotocopias a la Facultad, tan próxima a casa, y husmeo los recuerdos por los pasillos, si un día le digo al fugaz momento: “¡Detente! ¡ eres tan bello!, puedes entonces cargarme de cadenas, entonces consentiré gustoso en morir… Perdonad que me haya perdido, pero yo quería transcribir una líneas que considero muy adecuadas a la situación actual; a saber:

El Canciller: “…Más ¡ay! ¿Qué aprovechan al humano espíritu el entendimiento, al corazón la bondad y a la mano la diligencia, si el mal se desata con febril furor en el Estado y se propaga incubando nuevos males? Cuando uno desde este alto sitio, mira hacia abajo contemplando el vasto Imperio, esto le parece un sueño penoso, en que la monstruosidad ejerce su despótico poder entre monstruosidades, en que la anarquía reina legalmente y donde se desenvuelve un mundo de errores. Este roba hatos de ganado, aquel arrebata una mujer, un cáliz, una cruz y los candeleros del altar, y durante mucho años se jacta de ello con el pellejo sano y el cuerpo indemne. Entonces los querellantes corren en tropel a la sala de justicia; el juez se pavonea sobre su alto almohadón; entretanto, agítese ondulante en furiosa avenida, el creciente tumulto de amotinados. El uno tiene la avilantez de hacer gala de su infamia y sus fechorías; el otro se excusa con algunos cómplices más criminales, y tu oyes pronunciar la palabra culpable allí donde la inocencia está sola para defenderse a ella misma. Así es que todo el mundo intenta destrozarse y aniquilar lo que es justo y razonable. ¿Cómo se desarrollaría entonces el sentido, lo único que nos conduce a la rectitud? Al fin el hombre de buenas intenciones se baja ante el adulón y ante el corruptor; el juez que no sabe castigar acaba asociándose con el delincuente. Negro es el cuadro que os he pintado, y así, mejor hubiera querido yo correr sobre la pintura un velo más denso…”.

Fausto, de Johann Wolfgang Von Goethe. Segunta Parte, Acto Primero.
PS. Como Blogger ya ha resuelto las incidencias que han impedido vuestras entradas, ya no tenéis excusa.
El perro de María José se llamaba Blacky. Menos mal.